-Mi querida amiga Soledad-


soledadElla es Soledad, que baila al son de “Macorina”, se contonea de una manera sutil pero sugerente, siempre en busca de llamar la atención, su cabello se mueve al compás de la guitarra, y se alcanza a notar que apenas susurra la letra de la canción –ponme la mano aquí Macorina, ponme la mano aquí-  sí, ella es mi amiga, la danzarina Soledad.

Cuando logro entablar una platicadita con ella, siempre intenta evadir los temas interesantes y se desvía a los emocionales (que son su especialidad) que aquello y que el otro, que aquí y allá; contonea su mano y el cigarrito que sujeta, alcanzo a notar un pequeño lunar en la comisura de sus labios que siempre lleva pintaditos de rojo intenso, anda despeinada y la elegancia jamás la abandona, con gran habilidad habla sobre la vida y el amor, es una mujer de gran experiencia, ha sido amiga de muchas y muchos. Hoy ella es mi querida amiga Soledad, siempre acude cuando paso un mal momento, incluso me acompaña en los buenos, y también en los regulares, cuando llueve y más cuando hace frío, los días nublados son sus favoritos y si son musicalizados con Chavela Vargas, Lola Beltrán o José Alfredo Jiménez, la vuelven insoportablemente loca y feliz.

Le gusta criticar a los felices y consolar a los miserables, se burla de los conformistas y aconseja a los confundidos, se dice ella -¿Quién soy yo para decirte que siempre estaré contigo en las malas y más malas?- Pero no me asusta; cuando la conocí me resistía a dejarla entrar a mi vida, me aferraba a la idea de sujetar la mano de quienes no valoraban mi presencia, mi corazón, mi amor; ella insistía en acompañarme en ese momento, el cual llega sin aviso, el que te sofoca y no te deja abrir los ojos; Soledad no desistía, noche y día ahí, en la oficina, durante las horas más intensas de tráfico, en el desayuno, en el gimnasio, en la fiesta y hasta en la cama.

Cuando por fin desee y acepté dejarla entrar, nos dimos la mano y me prometió días infinitamente inspiradores y algunas veces devastadores, pero eso sí inolvidables, en los cuales aprendería a valorar mis más temidos monstruos internos, y las más terribles pesadillas, pero sobre todo eso a lo que todos huimos al pavoroso “olvido”. Esa Soledad es canija, no es nada cobarde, su jubilosa y bipolar personalidad es extraordinaria, siempre a mi lado, día  y noche, mi querida amiga Soledad, persistentemente me convence de regalar una sonrisa a un desconocido, de irme a la cama con algún hombre sin esperar nada a cambio, sólo por el simple hecho de vivir y sentir,  de reír hasta que me duela el estómago, de arreglarme el cabello todos los días, de coquetear con el más guapo del lugar, de viajar sin compañía y hacer lo que yo quiera a la hora que yo desee, en fin, la pinche Soledad hace que lo malo parezca bueno, y lo bueno más bueno.

Ella dice, -no soy un estado, ni una condición, sencillamente soy Soledad, la que te acompañará cuando sientas que la vida te abandona, te olvida.-

¡Gracias mi jacarandosa y ruidosa Soledad!

 

PD. Dedicada a mis amig@s que se resisten a la hermosa Soledad.

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