Tan sexy como la voz de Eddie Vedder


EDDIE-VEDDERDe fondo Yellow Ledbetter de Pearl Jam, en la barra de un viejo bar de la ciudad de Guadalajara, una pacifico caliente, y un cigarro encendido que se consume al ritmo de la melodía, mis dedos no dejan de jugar con la cajetilla de mis tabacos, miro fijamente la madera vieja de la barra, no me percato de lo que sucede alrededor de mí, sencillamente estoy ida, pensando no se qué y en no sé quien, es noche, y el bar comienza a sentirse un poco más denso y solitario a pesar de que hay personas sentadas alrededor de mí; de repente percibo una voz, tan sexy como la que estoy escuchando,  levanto la mirada y ahí está frente a mí, sonrisa estridente, cuerpo abstracto y cabellera desaliñada, pienso –mmm nada mal – me pide fuego, lo cual de inmediato busco mi encendedor y le prendo su cigarrillo, hace a un lado su cabellera negra, ladea su cabeza, y su ojos se posan en los míos, mientras yo nerviosa regreso a mi posición original; sonrío un poco y le doy un trago a mi cerveza ya quemada, levanto la mirada y busco al bartender, le hago una señal y asiente con la cabeza, -Tengo sed- pienso,  la música de la vieja rockola no deja de sonar, mi chico de voz sexy sigue al lado de mí, silencioso y pensativo; debo confesar que su presencia me perturba y eriza la piel, que hombre tan estrepitosamente masculino, lo imagino de mil y un maneras conmigo (jejeje) sonrío un poco y entre el ruido de aquel bar, vuelvo a oírlo, – vaya, sabes sonreír – mi corazón hace un ¡pum pum!, le doy un trago largo y tendido a mi cerveza y le respondo – claro, así como tú, sabes hablar- suelta una sonora y muy pero muy vigorosa carcajada, acerca su banco un poco más hacia donde yo estoy, toma mi encendedor (sin permiso) prende su segundo cigarro, le da un trago a su whisky, me mira fijamente, me toma de la cabeza, me lleva hacia el, y nos fundimos en un largo y feroz beso, su boca sabe a tabaco, sus manos toman mi cara, mi cuerpo y el de el en unísono nos movemos al ritmo de esa mugrienta rockola,  nuestros corazones laten a la velocidad que nuestras manos se mueven, sin darme cuenta estamos contra la pared de ese bar, en un rincón donde solo la oscuridad y una pequeño foco saben de nuestra presencia, yo concentrada en sus labios y hermosos ojos y el, el en mí, muy en el fondo de mis pensamientos el eco de su voz, su estrepitosa voz.

Somos uno en medio de la noche.

Al abrir los ojos, mi hombre de cabellera larga y oscura, de labios salvajes y arrebatados, se habían esfumado, una luz me fastidia y un sonido talante se escucha de fondo, ya no son los Pearl Jam, es la alarma de mi odioso despertador.

Desde ese día, todas las noches me pongo mis audífonos, prendo mi playlist solo con un sencillo motivo de volver a escuchar la voz de mi extasiante Eddie Vedder y regresar a ese solitario lugar donde alguna vez en un sueño me encontré con ese hombre de cabellera larga y despeinada, y de voz tan escandalosa como la de Eddie.

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