Mi Chico Tinder | Relatos de Ultrahormona


ChicoTinderAl ritmo de “Ellie Goulding – Love Me Like You Do” comienzo la segunda temporada de Cuentos de Ultrahormona, no es que no haya querido escribir, al contrario, en mi cabeza existe un revoltijero de momentos, ideas y demás menesteres que en esta temporada les voy a desembuchar.

¿Conoces tinder? En muchos países del extranjero es un fenómeno, una red social donde puedes conocer a personas que vivan o estén a metros o kilómetros de distancia de ti, que tengan los mismos intereses y que incluso ahora con la nueva actualización puedas checar si tienen “conectes” en común, en fin, cuando decidí abrir mi perfil ya saben le pones la selfie donde te ves menos cachetona (es mi caso) digamos la mejorcita de las 560 que me tome antes de elegir esa, ah sí, porque además te da la oportunidad de meterle como 5 fotitos más ( ya me estoy yendo mucho más allá de lo que es este texto) después de una intensa búsqueda de “buenas” fotos por fin logré completar mi perfil y comencé la cacería de opciones masculinas ( no es que este desesperada je je je).

La verdad, de todos no se hacía uno, no faltaba aquel  de pecho destapado, el de la selfie del baño sin camisa, el “duke face”, el “baby face” y el loco patán (de esos abundan) hasta que logré localizarlo, cumplía con las características deseadas, alto, apretujable y de gran sonrisa, tal vez su descripción me desalentó un poco pero no mucho para darle un sí y guardarlo en mis posibles “matchs”, en menos de lo que pensé, ¡FUIMOS COMPATIBLES!, para no hacer el cuento largo, logré hacer contacto con el, hasta que tuvimos la suficientemente confianza para whatsaapearnos y generar un cierto “lazo”, compartíamos algunos gustos, en fin era un buen chico, para una buena chica.

Después de un par de meses de texteo intenso e intercambio de ideas, mensajes de voz y demás investigación entre uno y otro, ¡NOS CONOCIMOS!, la verdad, cuando lo vo bajarse del auto, así todo él, su gran barba, lente oscuro, sonrisa ganadora y cuerpo apretujable, se  apoderó de mi razón y logró que me temblará el sistema nervioso, me sudaran las manos y se me alborotara el cabello de una manera increíble.

Yo sabía que ese pequeño detalle en su descripción de perfil, sería el acabose de ese momento, pero no me importaba, porque lo disfrutaría hasta el último minuto de nuestro encuentro. En un lugarcito rodeado de arboles, pudimos conocernos más, me platicó de sus días, su enloquecido gusto por los Pet Shop Boys, y lo mucho que le gustaba viajar, una cosa llevó a la otra, zancudos que no nos dejaban en paz, “la quesadilla” carísima que ahí nos ofrecían y las ganas de seguir conversando, conociéndonos.

Mudamos de lugar, durante el trayecto, nuestros brazos se rozaban y nuestras manos intentaban resistirse a la “quimic” (chiste local que si lo está leyendo seguro entenderá) que se sentía en ese preciso momento, la noche nos cobijaba de una manera linda, las luces de la ciudad iluminaban nuestro andar y el hambre nos hacía apretar el paso.

¡Llegamos! Una pizza, un par de cervezas y más charla me hicieron querer abrazarlo y no dejarlo ir, me sentía atrapada por su sonrisa y la manera en que admiraba mi cabello.

Cuando por fin logramos salir de ahí, entre jacarandas y primaveras, el roce de nuestros brazos, y el jugueteo de las manos cedieron, logramos darnos nuestro primer beso, ese, el esperado, el más deseado y para mí el más intenso.

Caminamos de la mano, y justo antes de llegar a su auto, me abrazó y ¿saben que fue lo que sentí? ¡Bien bonito, el corazón saltó de alegría, mis manos dejaron de sudar, mi cabello se aplaco, mi cerebro dejó de cavilar y mi alma se dejó llevar! (aunque yo sabía que esto sería efímero y fugaz), nunca imaginé lo increíble que fue aquella noche, un par de locos, dos seres solitarios en busca de un abrazo, un beso, un momento inolvidable.

Espero volverlo a ver, tal vez nuestra segunda vez será por tiempo indefinido, y ¿quien sabe? a lo mejor esta vez sí pueda abrazarlo tanto que no se quiera ir.

Él – ¿A dónde quieres que vayamos?

Yo- Confío en ti.

Fin. 

  1. ¿Qué decía su descripción? “No busco nada serio”

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