Tarde de #FICG


2002

Recuerdo caminar por la calle con la vista hacia abajo, sentir ese aire fresco casi como brisa y el sol tierno sobre mis hombros descubiertos, a veces con mochila, otras veces con una bolsa de cuero negra muy grande de esas que venden en el cultural los sábados.

Si, recuerdo que era medianamente hippie porque bañarme era una de mis prioridades todas las mañanas. Esperaba recargada en una jardinera dirigiendo mi vista hacia Av. Vallarta, veía los autos a contraflujo y el aire en mi rostro era mucho más intenso.

Hoy, casi 10 años después de mi última visita me dirijo al mismo lugar, voy respirando ese mismo aire y la misma brisa roza mi cara, solo que hoy no estoy mirando al suelo, no veo mis pasos uno a uno, observo en la calle a las personas con audífonos enormes caminando relajadamente, a los que van con prisa a ganar un lugar en la fila esperando alcanzar un boleto, sonrío y sigo recordando esa adrenalina al entrar al cine en este tan diferente y tan cotizado FICG. Me acuerdo que hay alguien esperándome de los organizadores con mis boletos y sigo adelante, a mi paso por la entrada observo a varias personas haciendo fila, algunos en el piso leyendo sus libros de bolsillo y/o sus programas de papel periódico, todos con la paciencia de quien sabe que esto tardará.

Soy de las primeras en entrar a elegir mi lugar, este camino lo tengo tan grabado en mi memoria que instintivamente entro por la primera puerta; sentir el olor a cine viejo en mi nariz y el frío tan particular de esta sala, obligan a mi memoria a divagar en muchas escenas del pasado, sigo caminando sin parar, los organizadores nos avisan que no abrirán hasta que entremos los invitados, cruzo la puerta y un segundo antes de sentarme me pregunto ¿en el pasillo? o ¿dejo algún asiento libre?, y de golpe ahí están los lugares que compartía contigo, los que solo conocemos tu y yo, ahora pienso si debería ocuparlos, en las razones para hacerlo, en el corazón, en mí, en ti, en si es mío o es tuyo, quizás los repartimos como un botín, el solo pensarlo me parece divertido. Decido sentarme dejando un asiento libre mientras la gente ingresa, me miran, deben pensar que espero a alguien, siguen entrando uno por uno y nadie ocupa el asiento, yo tranquila abro mi programa y empiezo a elegir que películas veré, se me pasa el tiempo volando, en un momento se apaga la luz y comienza la película.

Las imágenes comienzan a fluir en la pantalla y de pronto alguien entra a ciegas, observa el asiento vacío y simplemente se sienta, yo sin voltear sonrío, me divierte imaginar que eres quién viene cobrar tu lugar, el aroma del perfume que respiro me sorprende y el contacto de una mano fría sobre la mía hace que mi corazón brinque intempestivamente, ya no sonrío, me pregunto ¿quién se ha atrevido a tomar mi mano?, de pronto escucho tu voz como un susurro –te extrañé-, volteo de golpe y ahí está tu silueta dibujando una sombra, quiero gritar, colocas un dedo en tu boca y me pides que calle, te acercas y susurras nuevamente en mi oído –aquí te esperaré…-
La luz se enciende, la película ha sido muy buena como todas las que siempre he visto aquí. Volteo a mi lado para darme cuenta que ya no estás, es lógico que no lo estés, hace tantos años que te fuiste de este mundo, que debí imaginar todo este tiempo que si tu alma deambulaba en alguna parte sería aquí, en este lugar tan nuestro, el Cineforo.

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